14 oct 2012

A

Esta noche escribo desde el techo de la ciudad. Las estrellas aquí ya no caen, pues ya han caído muchas y son las que, encerradas en las casas, en cajitas de vidrio y más, alumbran la noche en la ciudad.
Ha sucedido otra cosa impresionante; pero antes de eso tengo que decir que sigo sintiéndome tonta. Él llegó como desde otro lugar lejano, todo mojado por la lluvia, con ese abrazo empece a entender que debía dejar todo que corriera, como los ríos que hay por donde vive la abuelita. Solo que no pude evitar seguir siendo estúpida, no esperaba que pasara todo esto, me agrada.

Hoy más que nunca no me siento de este lugar. Sigo sin lograr entender a la gente, sigo sin lograr entender las cosas más sencillas, como las sillas o los dulces. A veces quisiera ser una mentira para que nadie pudiera atraparme de verdad, aunque quizás es más fácil ser atrapado siendo una mentira, así que que bien que no soy una mentira.

Desde el suicidio de la trapecista el Gran Circo dejó de funcionar, ahora se usa la carpa para las fiestas coloquiales (coloquiales porque todos hablan mucho de manera amistosa, entendible, aunque algunas veces engañosa). No me gusta mucho hablar porque luego no sé si entiendo bien. Como sea, desde aquel día todo ha cambiado.
---recordé mal, no fue por la lluvia, lo que pasa es que ya más tarde comenzó a llover :)

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